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Ayotzinapa no calla, por Antonio Salinas

Ayotzinapa no calla

Ayotzinapa no calla

1.- A tres años de la desaparición de los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, el 26 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero; las dos grandes preguntas siguen siendo las mismas ¿dónde están?, ¿qué móvil tuvo el Estado para desaparecerlos y seguir aferrándose hasta hoy a una mentira que desde un principio careció de congruencia?

 

2.- Hay ciertas personas, sobre todo, en el propio estado de Guerrero, que les causa rabia el hecho de que a tres años de la desaparición de los estudiantes: familiares, amigos y normalistas de Ayotzinapa siguen buscando a sus compañeros. Sienten una suerte de amenaza que los jóvenes tomen edificios, autobuses, casetas; que marchen por las calles, que se resistan y reclamen los espacios que les pertenecen y que les han sido arrebatados. Sin embargo, han normalizado el secuestro, el cobro de cuota, el feminicidio, las desapariciones. La violencia que ha generado en ellos el Estado los ha vuelto egoístas y temerosos: han naturalizado los constantes homicidios productos del crimen organizado. Son apáticos ante la desigualdad y la injusticia a los que los somete el Estado y los amordaza mientras juega con su silencio. Estas personas son mártires de su propio escarnio, de la indiferencia y la vida acomodaticia y desarraigada. Para ellos es más fácil criminalizar a un estudiante que cuestionar la violencia sistemática que les grita en la cara. Escriben en las redes sociales, mensajes como: “esos no son estudiantes son animales”, “nuestros hijos estarán en manos de delincuentes si los dejamos seguir estudiando”, “deberían de matarlos a todos por revoltosos”.

 

3.- No se trata de los normalistas de Ayotzinapa, de si compartimos su movimiento o  ideología, las posturas críticas y radicales, de que si debe o no desaparecer la normal; se trata de la vida, de que si no nos cuidamos unos a otros el Estado ya nos dejó claro que es muy fácil torturar a la gente, inventar historias maquiavélicas con tal de conservar sus intereses, de violentar y de desaparecer a estudiantes como si nada. Debemos de repensar lo vulnerable que somos para el Estado y el crimen organizado, ambos ya demostraron que juntos son implacables.

 

4.- A partir del 26 de septiembre de 2014, los mexicanos ya no hemos vuelto a ser los mismos, el Estado nos enseñó al monstruo que tiene listo y amaestrado para lo peor, si es que pueda ver algo peor que la noche de Iguala. Ayotzinapa no se va a olvidar, el hecho de querer borrarlo de la memoria, de cerrar ese libro negro por salud; ese engaño y silencio es lo que nos está cancerando como sociedad. A partir de esa noche las desapariciones se triplicaron, se descubrieron varias fosas clandestinas, gracias a que los padres de familia tomaron el valor para salir a buscar a sus hijos. Desde entonces la ciudadanía ha visto a Guerrero como una gran fosa común. La desaparición y búsqueda de los normalistas descubrió el número de desaparecidos que antes no habían sido notorios ni visibilizados, detonó la pasividad de muchas otras víctimas, el dolor de otros padres que han perdido hijos, hermanos o amigos. Desafortunadamente estalló el coraje de los indiferentes que valoran más un auto quemado o una puerta derrumbada que la voz de un joven que el único delito que ha cometido, es el de ser un estudiante humilde.

Antonio Salinas

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