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FOUCAULT CON DOS DE AZÚCAR

Texto Foucalt y dos de azúcar

 

FOUCAULT CON DOS DE AZÚCAR

Ricardo del Carmen

Por estos lares (Colombia) hay más de 2 millones de desplazados venezolanos por efecto de la violencia en ese país. Ayer hablábamos de las elecciones en México; en Venezuela el 30 de julio se está convocando a la elección de la Asamblea Constituyente. Hablamos de las prácticas políticas en mi país y, luego, de la manera en que sucedían en el suyo. Pasa que no hay mucha diferencia, el repertorio es bastante parecido, incluso con el uso de tarjetas y programas asistencialistas para la compra del voto. Fue imposible no decir que, en México como en muchos países latinos, se ha usado el discurso de que votar por la izquierda, por Morena en nuestro caso, nos pondrá en una situación similar con Venezuela. «Es lamentable que las decisiones y acciones de Maduro afecten tanto a las izquierdas en Latinoamérica, cuando la izquierda ha hecho mucho por reducir la brecha de desigualdad. Es una ironía, pero nosotros somos hijos de uno de los mejores sistemas de educación, precisamente durante el chavismo», dijeron con cierto pesar.

Uno de ellos, que desde acá apoya a Leopoldo López, concluyó diciendo: «Pero con todo lo que hemos dicho, más allá de los pronósticos, los hechos apuntan a que el PRI, no Morena, es para México lo que Maduro a Venezuela: el ejercicio de prácticas ilegales e inconstitucionales para amarrarse al poder a como dé lugar, por encima del bienestar civil. Parece que el PRI destruye al Edomex como Maduro destruye a Venezuela, y hasta se ve que un poquito peor». Nos parecemos en algo, sí, en la lucha contra poderes hegemónicos movidos por intereses en donde los ciudadanos no tenemos posibilidad alguna de ser escuchados siquiera. La recurrencia constante a la violencia política, a la amenaza, la cooptación, el dispendio, el aparato gubernamental al servicio del partido en el poder y el clientelismo como métodos para mantener una base votante que permita ganar, se replica con sistematicidad. Y eso, sea el PRI o el falso discurso sobre Morena, es en lo que siempre hay que estar al tanto, pendientes.

Algunos dicen que para ganar elecciones hay que aprenderle al PRI ¿En serio? ¿En qué momento la deshonestidad, la corrupción, la impunidad, el abuso del poder, los conflictos de interés, la pobreza como herencia, la cooptación, la administración del terror se convirtieron en banderas del bienestar? Lamentable que el perredismo celebre la derrota de otro partido de izquierda: se evidencia que el peso ideológico puede más que las necesidades de los ciudadanos, esas que en todo momento de campaña se dicen representar y se promete solucionar. Es triste también que algunos militantes de Morena se refieran a los votantes como ignorantes, analfabetas, pobres, muertos de hambre; exhibiendo un clasismo ridículo, absurdo. Como el resultado de la elección, la situación de los pobres en México es estructural. Nadie se pone como meta en la vida morirse de hambre.

En elecciones tan cerradas como las de ayer, es donde la segunda vuelta se vuelve necesaria, porque, así como se ven las cosas, lo único que se puede garantizar es ingobernabilidad y mayor encono social.

Para días como estos sirvámonos a Foucault con dos, o más, de azúcar. La realidad —la que cada quien concibe— no se puede quedar en una disputa ideológica somera; clasista, discriminatoria, del mismo alcance crítico, del se los dije, yo lo adiviné, como si de echar las cartas se tratara. Comprender la realidad de los otros construye realidades comunes, esas que son tan necesarias, que nos empatizan, que, más allá del sello político, nos humanizan. Ningún partido político —ni los independientes— tiene la solución permanente; el juego del poder tiene sus reglas, a veces ilógicas/irracionales, pero magnéticas.

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