Ensayo Pintura Recientes

La mirada de Ana Barreto a través de la pintura

Ana Barreto, artista plástico.

Por Edna Rodríguez.

El pasado jueves 23 de marzo tuve la oportunidad de conversar con Ana Barreto, una de las pintoras acapulqueñas con una trayectoria extraordinaria e incomparable en Guerrero hoy en día. Su trabajo plástico se ha expuesto en varios museos del país y del mundo. Ha publicado historietas en diversos periódicos nacionales, ha trabajado para comerciales en televisión con su pintura escénica y haciendo body paintings para la industria cinematográfica, además de elaborar el guión gráfico para largometrajes (o storyboard, como se le conoce en inglés), entre otras, de la película “Romeo y Julieta” dirigida por Baz Luhrmann. Ha realizado murales en diferentes puntos del puerto, el más reciente, dirigido a los pacientes con cáncer en la sala de espera del Instituto Estatal de Cancerología (Iecan) doctor Arturo Beltrán Ortega. Es, en pocas palabras, para Guerrero, lo que Toledo en Oaxaca, una persona cuya labor es imposible de ignorar.

Tras aceptar amablemente la invitación, me propuso como punto de encuentro el espacio “Raya y Línea”, que ella misma inauguró hace poco más de un año, en noviembre de 2015, un lugar, por cierto, muy luminoso y muy bien ubicado en la Costera Miguel Alemán #364, en el malecón de Acapulco frente a la cancha techada de Tlacopanocha, donde exhibe una galería, constantemente cambiante, con obras suyas y de sus pupilos. Además ofrece talleres de pintura, dibujo e historieta junto con Gerardo León Naranjo y Armando Hernández. Las clases duran dos horas cada dos días entre semana, y también ofrece clases los sábados de 10 de la mañana a 2 de la tarde. Sus alumnos tienen entre 7 y 12 años, salvo una joven veinteañera que también asiste a clases.

Ana Barreto no tiene inconveniente en recibir niños especiales, pues como ella misma lo dice, “si ellos tienen una discapacidad, yo también tengo una, yo tampoco puedo bailar”. Su respuesta no sólo es creativa, sino que afronta los prejuicios de la sociedad para no segregar, sino integrar. Por eso trata de informarse lo más que se pueda, aprendiendo de la discapacidad de este niño, para poder ofrecer una mejor atención, con equidad, para él y todos los demás, porque al final todos se integran en una sola colectividad. Aclara, sin embargo, que no se debe confundir este espacio con el de una guardería, pues algunos llegan sin motivación alguna; por eso procura que ellos mismos reconozcan sus propios intereses y sean honestos, si desean seguir en el taller o mejor se tomen la libertad de dejar las clases.

Se trata, pues, de un espacio de encuentro y de integración donde los pequeños potencializan su creatividad y expresan lo que quieren contar a través del trazo y la pintura. Por un lado, entonces, les proporciona las condiciones materiales para que estén cómodos en el espacio que comparten, y por otro lado, genera un ambiente físico y emocional diferente al que están acostumbrados para conseguir que se conecten con sí mismos y encuentren su modo particular de expresarse. No establece los parámetros, sino las pautas.

Así lo dice con acierto, pues además aquellos que provienen del seno de una ciudad, como lo es Acapulco, tienen muy marcados los parámetros que sus padres y los adultos esperan de ellos, y por lo tanto, artísticamente tienen más dificultades para encontrar su propia “voz”, a diferencia, por ejemplo, como lo comenta ella, de los niños de la montaña, que tienen otra apertura y actitud hacia lo nuevo. Por eso, dice, les procura otro ambiente para romper sus propias barreras: Escuchan otra música a la que ellos acostumbran; les platica sobre diversos temas de la historia del arte de una forma amena, cercana y orgánica para despertar las luces que han tenido apagadas; y una vez al mes proyectan una película relacionada con la pintura y el arte, para que después la comenten como en un cineclub. Raya y Línea, además, está abierta a otras actividades alternativas con los artistas voluntarios que deseen colaborar con y para este colectivo con el objetivo de ampliar el panorama de sus alumnos.

En esencia, lo que se procura es que ellos establezcan sus propios parámetros, que no tengan miedo de equivocarse, y lo principal, que no se autolimiten por saberse no poseedores de los dotes excepcionales de alguien más, lo que suele inhibir su encuentro con el trazo. En el caso contrario, cuando los niños tienen un don especial para dibujar y pintar, tienden a imitar lo ya establecido, muchas veces bajo la influencia del comic japonés. Si bien, esta influencia los ha enganchado y ha favorecido el desarrollo de sus habilidades artísticas, en ambos casos, el reto es que descubran quiénes son, de dónde vienen y para dónde van, un proceso mucho más lento, de mucha paciencia, de autoexploración, para reconocerse e identificarse en algo creado por ellos mismos.

No es casual, que con sus años de experiencia, Ana Barreto concluya que si tuviera que elegir entre el don artístico y el mensaje del artista, ella inclinaría su balanza hacia lo segundo, hacia el encuentro con nuestra identidad. Eso que también nos transmite ella: Su amor por Acapulco y por su propio terruño. Ella que ha dado tantas vueltas por el mundo, ha decidido volver, o mejor dicho, devolver a su tierra lo que ella es y ha sido. Por eso fascina escuchar sus historias de niña, por decir la más ilustrativa, cuando con los pétalos y las hojas que caían de los árboles tropicales, encontró tantos colores tan naturalmente variados que creó su primera “paleta” formando una pequeña maqueta cromática.

Así, crear nuestros propios colores es el principio de nuestro encuentro. No solo es tomar los colores básicos y pintar, es más bien encontrar el tono que le va mejor a nuestras emociones. Además, nos dice, el arte no va suprimir la maldad del ser humano, pero sabe que nos permite desarrollar nuestro lado más bueno. “El día que deje de ser divertido hacer lo que hago, dejaré de hacerlo, pero por ahora lo que necesito es tiempo, tiempo para desarrollar todos los proyectos que nacen y crecen de mi encuentro con los niños”. Enhorabuena, Ana, que tu pueblo sepa agradecértelo.

 

 

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