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PÁJAROS EN PICADA, por Ricardo del Carmen

RELATO PÁJAROS EN PICADA

PÁJAROS EN PICADA

Por Ricardo del Carmen

Avanzamos por la carretera. Papá dice que los pájaros se están muriendo: mira, se comen los frutos envenenados, los insectos envenenados, el agua envenenada y se mueren. Por eso nos morimos nosotros también; ya todo está envenenado. Primero ellos o nosotros, nos acabamos. Es verano, los campos son más verdes. El maíz crece a la izquierda y a la derecha de la carretera. Ha llovido, las gotas se avientan divertidas al vacío; hay neblina, el sol es débil. Madre mira por la ventanilla y, aunque no lo dice, está de acuerdo con papá. Todo debería ser verde, no amarillo. Hasta acá llega el olor del 2-4d amina/picloram/glifosato/gramoxone; por eso se mueren los pájaros, dice papá. Allí había agua, señala una barranca, ahora está seco, seco los árboles, seca la hierba, seca la lengua. Ya no hay chicharras, escuchas; ya ni en abril. Será que también están muertas. Sólo atino a asentir, todo lo que mi padre ve lo veo yo también. Entonces recuerdo los días en mi pueblo, las tardes en que nos metíamos en la poza del arroyo, allá por la presa de don Abundio. Hoy no hay presa, el agua no es agua y don Abundio no está. El arroyo es desechos, basura, un recuerdo. He visto fotos ahí. Recuerdo los clavados de Tito, las incontables veces que lavábamos la ropa sobre las piedras. Por lo menos llovía, el calor era tolerable. Yo sé, claro, que no es porque los pájaros se mueran, pero uno desearía volver a la infancia y ser feliz de vez en cuando. Como dice una canción, uno vuelve siempre a los mismos sitios en que amó la vida, pero difícilmente uno podría sentirse atraído por el desagüe.

             En el arroyo supe que las flores blancas se llaman mariposas. Y había mariposas de verdad. No teníamos pena, porque no era necesario, el arroyo era parte de nosotros, nos bañábamos desnudos, sin alteraciones.

No había que fumigar tanto a los mangos. En casa había pipisa, cilantro, rábanos, frijoles fritos en cazuela y queso de vaca; tortillas del comal, calientes. Ahora las legumbres se tuercen, no se dan, decimos. La tierra está envenenada, dice papá. Tal vez por eso somos malos, pienso. Nosotros estamos envenenados.

Podría ser que viajar juntos es triste, pero disfruto escuchar a papá. Mamá tiende a contradecirlo siempre; me gusta que se rían. Atravesamos toda la sierra, llego a una ciudad que no se parece con la que vi hace algunos años. Chilapa está callada, incluso en la mañana; guarda luto todo el tiempo, todo el tiempo llora, baja las cortinas de los tendajones; difícilmente no miramos a los ojos, no nos reconocemos. Como los pájaros, aquí también se están muriendo, morimos a cada rato. Volvemos los ojos al otro lado, queremos escapar; todo va de mal en peor. Silencio, pájaro-arroyo, silencio. ¿Avanzamos?

 

Relato PÁJAROS EN PICADA

PÁJAROS EN PICADA

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