Por la libre Recientes

¡El pueblo no se rinde, carajo! por Ricardo del Carmen

Foto de Ricardo del Carmen

¡El pueblo no se rinde, carajo!

Ricardo del Carmen

No pude llegar a Buenaventura por el Paro cívico. El 16 de mayo, un día antes de que tomara el vuelo, los ciudadanos de Buenaventura tomaron las calles y bloquearon la salida de la mercancía que llega al puerto. Asentado en la costa pacífica, Buenaventura es el puerto comercial más importante de Colombia: el 60% de las importaciones del país entran por aquí. Estratégico, el puerto ha estado en disputa desde casi siempre. La guerrilla, los paramilitares, el narcotráfico y el gobierno han peleado por un pedazo de este territorio con importantes conexiones a la sierra, por los ríos, y con el canal de Panamá, por el mar.

Pero de toda la riqueza a la ciudad le queda casi nada. A los bonaverenses sólo les han quedado las masacres, escuelas que no lo parecen, servicios de salud insuficientes y costosos, saneamiento precario y poco ecológico, sistemas de agua potable inexistentes y miles de muertos y desplazados por la violencia; la miseria. Uno no podría imaginar que un puerto tan importante como este tuviera tanta desigualdad. El aeropuerto de una pista de tierra rojiza, pequeño, las calles llenas de baches, muchas casas de madera a punto de caerse, construidas sobre pilotes, el olor nauseabundo de ciertos espacios; nada de lo que se ve refleja la bonanza prometida por el desarrollo, aunque ahí, sobre la costa, estén las grandes trasnacionales administrando todo y sí, dando empleos, empleos por el que pagan un salario que alcanza para desesperarse. La riqueza, dicen, se la quedan los políticos, tanto de la región como del gobierno central. Ha de ser, porque las condiciones en las que viven exhiben una realidad que avergüenza, incontestable, increíblemente dolorosa.

¡El pueblo no se rinde, carajo!

Foto por Ricardo del Carmen, ¡El pueblo no se rinde, carajo!

Esto lo vi cuando llegué: un jueves por la mañana con el vapor tropical a mitad de junio.

La gente es alegre, bonachona, afrodescendiente, un pueblo negro; la gente que toca tambores y maracas y que repite oraciones graciosas una y otra vez al ritmo de un dos tres, un dos tres. Nos encontramos a Leonard y sus amigos, idealistas, trabajadores: quieren evitar que los jóvenes caigan en las manos del crimen. Dice que de la primera vez que fue desplazado no se acuerda. Camina seguro por las calles, va de un lado para otro como el viento de la tarde y recoge firmas para apoyar las causas de su ciudad. Tiene menos de treinta años y está amenazado de muerte. Pero no descansan, Rostros Urbanos va de barrio en barrio, de acción en acción. Muchos de ellos, todos jóvenes, han sido perseguidos, obligados a huir de sus casas; asesinados. También están William y la resistencia en Puente Nayero, un espacio que duele por las condiciones en las que están obligados a vivir, y digo obligados porque el gobierno bien podría hacer mucho por ellos, pero, sencillamente los han confinado a los pedazos de tierra que le han ganado al mar. Desplazados de sus hogares, arrasados de sus pueblos, despojados de sus tierras, se han asentado sobre las orillas de la isla para poder sobrevivir de la pesca. Para ganarle terreno al mar, entierran palos y varas que van llenado de basura. La basura se esparce en el mar. El mar es gris y huele. Los niños corren inconscientes de lo que pasa alrededor. Hubo un tiempo que no había niños en las calles, eran usados para ingresar armas al barrio y entregarlas a los vecinos paramilitares. En todos los barrios. La masacre de los Doce de Punta del Este es un ejemplo de la manera en que se ha usado a los jóvenes y niños para administrar el terror: el 19 de abril del 2005 un grupo de jóvenes fue invitado a participar en un partido de fútbol. Doce jóvenes de entre 12 y 23 años partieron hacia el lugar donde sería el encuentro. Nunca llegaron. Dos días después fueron encontrados asesinados y con huellas de tortura. Los actores: una estructura paramilitar; la razón: el terror como instrumento de control.

En Puente Nayero, como en Punta del Este, resisten, han dicho no al paramilitarismo y al narcotráfico y ahora le han dicho no al proyecto del gobierno. La idea del gobierno es construir hoteles y nuevos muelles de carga sobre la línea costera (además de una Malecón que no se parece en nada al proyecto que presentaron), pero también incluye despojar a la gente de sus hogares, sin garantías de reparación o reubicación. El desarrollo tiene licencia para desplazar y despojar y arrasar y atemorizar y asesinar.

Por eso era el Paro que en un primer momento me impidió llegar. Por la exigencia de condiciones de vida más dignas y necesarias, por eso aguantaron la infiltración, el uso excesivo de la fuerza pública, el desplazamiento dentro de los barrios patrocinado por el propio gobierno, por eso evitaron que saquearan tiendas; si ya han aguantado tanto, por qué deberían rendirse ahora. Su causa, los derechos que nunca han tenido y que se ofrecen en cada campaña política, su eslogan: ¡El pueblo no se rinde, carajo!

Leave a Comment