La sensibilidad de Casa Encantada Galería & Estudio

Casa Encantada Galería & Estudio

Un encuentro

El maestro Massiel por medio de una llamada telefónica me hizo una invitación a la clausura de el taller de pintura “La mancha y el color” que él impartió en Casa Encantada. Ahí él tiene su estudio y además es una galería de arte plástico de carácter privado. Comprometí mi asistencia.

Partí de la casa evocando que Héctor Massiel ya es un artista con vocación y ha expuesto en diferentes países del orbe, quienes han seguido su trabajo ya conocen esos trazos, su paleta de colores y su empeño en el arte-objeto, pero también en el material donde el plasma sus pinceladas. Recordé las palabras del periodista del El Sur, Oscar Ricardo Cano quien dijo “se fregó a todos con sus luchadores en tabla de cimbra”, cuando Massiel ganó la bienal Paul Gauguin.

 

Estar en medios de comunicación me permite una posición privilegiada para conocer personas dedicadas al arte, charlar con ellas y conocer de cerca su trabajo. ADN Cultura Radio es un espacio en el que difundimos el quehacer cultural en el estado de Guerrero y conversamos con los creadores de arte. Había escuchado sobre el maestro Héctor Massiel, sabía que ha expuesto lo mismo en Estados Unidos de América o en Cuba, Portugal o México, para él los bloqueos y las fronteras no representan un problema, el arte que nace de sus manos es tan orgánico que se mueve de un lado a otro sin mayor problema. Apenas me enteré que formaría parte de la plantilla de la Escuela de Iniciación Artística Asociada al INBAL Acapulco, no dudé en agregarlo a la lista de entrevistas pendientes. Para mi sorpresa llegó a la cabina de radio junto a la directora de esa institución, Alejandra Franco, en octubre del año pasado, el propósito era hablarnos del taller que imparte en esa escuela de arte y los demás talleres.

Al término de la entrevista le pregunté si en otro momento me concedía una entrevista y con la sencillez y amabilidad que le caracteriza acepto gustoso. Nos encontramos en varios momentos y nos saludamos cordialmente, hasta que el veintiséis de febrero de este año me envió un mensaje invitándome a Casa Encantada Galería & Estudio, una espacio artístico privado al oriente de la ciudad donde un grupo de pupilos suyos habrían de exponer el trabajo de tres meses de aprendizaje, la exposición tenía por título: La mancha y el color. De inmediato acepté.

 

Héctor Massiel es un  maestro que ha sabido buscar recursos para realizar proyectos y talleres en comunidades como de carácter personal. Me lo he encontrado en taller para la elaboración de proyectos, con rol de estudiante, de aprendizaje, un aptitud de humildad. Somos amigos en Facebook, nos hemos encontrado en exposiciones de artistas amigos, es decir él no me es ajeno, topo con su obra y su presencia, como cuando fuimos a cobrar un cheque de unos proyectos que ganamos en diferentes líneas, cada vez que nos vemos recordamos esa conducta del contador al pagarnos, éste para que no reclamemos un atraso de seis meses llegó abrazando con enjundia a cada uno de los presentes, que dejó impávidos a todos, pagó y se fue.

A mitad del camino pasé por el locutor y amigo Pablo Reyes, quien también recibo senda invitación, en el camino nos pusimos al tanto del quehacer y de la agenda cultural  que transcurría en Acapulco. Coincidimos que el espacio del maestro Massiel a donde ibamos ya tiene un carácter incluyente y social, que no está aferrado a instalarse en el centro o en una colonia cerca de la Costera Miguel Alemán, aplaudimos así como lo que se está gestando y practicando en la colonia La Mira.

 

Me puse en contacto con el director de ADN Cultura, Alfonso Pérez, pese a que somos amigos nunca dejo de lado que también es mi jefe, así que puntalmente le informé que estaba invitado al evento de Casa Encantada y que asistiría para dar cobertura para el programa de radio. Él también estaba invitado así que acordamos llegar juntos, quedamos en un punto de reunión y llegado el momento nos encontramos y partimos a la colonia Juan R. Escudero.

Arribamos a la galería con puntualidad inglesa, nos recibió con cierto apuro ya que estamos en los últimos detalles para recibir a sus alumnos e invitados. Nos dio la libertad de deambular por Casa Encanto, recorrimos la sala, Pablo por un lado y yo por el otro, cada quien se detuvo en aquellas obras que se prestan a la interrelación entre observador-obra-tema-sensación.

Nos acomodamos la terraza superior, bajo la sombra de frondoso árbol de mango pero que permitía una mirada a la bahía, como un punto de fuga natural. Massiel llegó con dos vasos de agua de Jamaica la cual bebimos frente a una escultura ecuestre que está en lugar. Nos pidió disculpa ya que tenía que atender a los personas que estaban llegando, entre ellos la Directora de Cultura Municipal, Malena Steiner quien apoyó la muestra plástica. Con Pablo Reyes seguimos hablando, en ese espacio recuerdo que platicamos de la nuevas políticas culturales que se estaban implantando a nivel, plateando la incógnita del 2020, en ese momento no sabíamos las dimensiones de la pandemia que llegaría.

El maestro Héctor regresó y en manos un par de mezcales, y ya con cierto distendimiento se sentó con nosotros donde platicamos en primer momento sobre el espacio, después  sobre el taller que se impartió y por último del ejercicio de la plástica: sus influencias, sus gustos, su incursión y sus planes a corto plazo. Recordamos que tenemos varios amigos en común, pero que nos acercó más en nuestra amistad fue el poeta cubano Pablo Armando Fernández, quien le inauguró una exposición en la isla caribeña. La atención a sus invitado y la inauguración en sí, hicieron que se terminará nuestra conversación. Bajamos los tres al corte del listón.

Usando como GPS el mapa que me envió el maestro Massiel ubicamos el lugar, Alfonso al volante entró de frente en la calle estrecha y ocupó un espacio frente a la galería de arte. Bajamos del coche y nos acercamos, fuimos recibidos con una sonrisa del artista y las personas que estaban ahí apoyándole en los últimos detalles para el evento. Nos invitó a pasar y nos sentamos en una sala al aire libre donde llamó mi atención una nopalera pegada a una de las paredes, varias macetas haciendo fila como una guardia de honor en aquel sitio. A mi izquierda, un mural a base pedazos de tejas de colores que  habla de la paciencia, amor y dedicación de su creador. Desde ahí se podían observar las piezas de los aprendices del artista, prudentes nos dedicamos a observar desde ahí sin entrar. Todo en su sitio, en armonía, un lugar encantado que parece detener el tiempo. Un par de vasos con refresco nos fueron entregados, pero las atenciones continuaron cuando en un gesto generoso se nos invitó a pasar a ver la exposición previo a la inauguración.

Tras un recorrido y algunas fotos Massiel nos invitó a la terraza superior donde nos esperaban unos sillones de cojines rojo barro y una pieza con forma de caballo, la cual conocía por las fotos que el artista había subido a redes trabajando su forma y detalles. Debí advertir que no tomo, pero supe que era tarde cuando Héctor apareció con dos mezcales en la mano, uno para Alfonso y otro para mí. <<Alfonso tendrá que sacrificarse>>, pensé.

Mientras hablábamos con Alfonso de políticas culturales un joven se nos acercó para ofrecernos agua de jamaica, la cual consumimos gustosos. Nuestro anfitrión apareció tras unos minutos y se inició una charla donde Alfonso procedió al sacrificio del mezcal intercambiando mi porción por su refresco. La charla versó sobre arte, los pros y los por qué, los cómo y cuándo, sus influencias y procesos creativos, el taller que concluía y lo que se venía en próximos meses. Algo que resalto es la sencillez del artista, su emoción al hablar de su trabajo, sus metas y sueños, los anhelos y propósitos en el mensaje que deja implícito en las piezas que crea. Vestido de Converse azul de agujetas blancas, pantalón de mezclilla a la moda y una camisa verde seco, sentado ahí, me pareció recordar una fotografía del Ernesto Guevara, la humildad de Pepe Mujica y la proyección del propio Toledo que surgió en la charla. Sin egos ni pretensiones, parece que un halo lo ilumina hasta hacerlo transparente. Tenía sentido el nombre: Casa encantada. Una especie de magia y misticismo envuelve el lugar. ¡Es fascinante!

 

Con Pablo nos retiramos sino antes pasar a la mesa de los canapés, ya en el viaje de regreso enfatizamos la labor de impacto social que Massiel está desarrollando a la par de su trabajo plástico, la sencillez que mostró como persona y amigo, la ponderamos con agrado.

Ahora que puso a venta obra en pequeño formato  alcance a comprar una, así mi espacio tendrá un tema del artista acapulqueño.

Después del corte de listón y algunas fotos, decidimos retirarnos con Alfonso, nos despedimos y Massiel, atento, señaló una mesa indicando que probáramos los aperitivos. Lo hicimos a la pasada y salimos mientras la algarabía seguía y era perceptible desde la calle, eran los padres, amigos y familiares de los diez exponentes de La mancha y el color que celebraban victoriosos el momento.

 

La vuelta fue imposible en la calle, Alfonso tuvo que salir en reversa con el coche, mientras salíamos entendí la metáfora: dejábamos el mundo mágico y encantado, íbamos hacia atrás al mundo crudo y real.

—Alfonso, voy a hablar de este evento en la radio en la sección de La nacional, pues aunque no es una nota nacional debería serlo— dije.

—Sí, lo has dicho bien, debería ser nacional —contestó Alfonso.

Por Pablo Reyes Alfonso Pérez