Dos mitos Tlapanecos de Malinaltepec

Dos mitos Tlapanecos de Malinaltepec

 

FÉLIX RAMÍREZ CANTÚ y PETER L. VAN DER LOO

 

Se presentan aquí dos mitos de la rica tradición oral de historias sagradas de los Tlapanecos y unas notas sobre la relación entre los nombres del pueblo Malinaltepec en náhuatl y en Tlapaneco. Los dos mitos fueron recogidos en Malinaltepec, Guerrero, en la variante local de la lengua Tlapaneca.

Uno de los autores de este artículo, Ramírez Cantú, los transcribió en la ortografía moderna del Tlapaneco de Malinaltepec. Más adelante se presentarán unas notas breves sobre esa ortografía. Primero es necesario aclarar que la palabra mito no se entiende aquí en el sentido popular de “mentira obvia” sino en el sentido que tiene en el estudio de las religiones.

Los mitos son esas historias sagradas, en todas las religiones sin ninguna excepción, que hablan de un tiempo antes o después del tiempo regular en que vivimos ahora. A través de eventos fantásticos que nunca podrían acontecer en la época que vivimos ahora, los mitos proporcionan actos y hechos que son normativos para la existencia en la época presente.

El primero mito Tlapaneco presentado aquí trata sobre el origen de la lluvia y la razón de la existencia de las tormentas de lluvia. El mito también nos habla del carácter de la tierra en que vivimos.

El segundo mito explica el origen del pulque y presenta al tlacuache en su papel de portador de cultura. Obviamente existe una confusión entre el uso popular y el uso académico de la palabra mito. Esa confusión se ve reforzada por otro uso popular de la palabra, o sea, el uso como un término que se aplica a las historias sagradas de todas las religiones excepto a las del cristianismo.

Con tanto enredo en el uso del término mito, se ha oído la sugerencia de abandonar el uso de la palabra y simplemente decir “historia sagrada”, una sugerencia que parece muy razonable. Sin embargo, el problema es que también existen varios otros tipos de historias sagradas, como por Ejemplo: leyendas, parábolas, fábulas y relatos históricos sagrados. Esos tipos de historias sagradas tienen otros rasgos y mezclándolos todos no se haría justicia a ninguno de ellos.

Por ejemplo, las leyendas narran historias sagradas que se basan en algún evento histórico.

En varias de las religiones mesoamericanas, entre ellas la Tlapaneca, se encuentra una leyenda de una peregrinación larga hacia el presente lugar de ubicación de cierto grupo. Otra leyenda bien conocida dentro del contexto mesoamericano es la leyenda de Quetzalcóatl. Sin embargo, la historia conocida como “Leyenda de los soles” no es leyenda sino mito.

La ortografía del Tlapaneco de Malinaltepec se ha trabajado durante varios años y se formalizó y publicó en 1988 en un estudio, Cómo se escribe el Tlapaneco, que también contiene una guía para la pronunciación, una gramática básica, unos textos y un vocabulario. Ese estudio fue el resultado de la colaboración de varios maestros bilingües Tlapanecos y un investigador del Instituto Lingüístico de Verano.

En 1983, Jorge Suárez publicó una gramática, basándose en la información de hablantes tlapanecos de Malinaltepec. La gramática de Suárez es un trabajo académico, mientras que Cómo se escribe el tlapaneco se dedica a fijar la ortografía para la enseñanza del tlapaneco en las escuelas bilingües de la región.

El primer estudio conocido de la lengua Tlapaneca, fue publicado por Leonhard Schultze Jena en 1938. Él trabajó en Malinaltepec durante los años veinte del siglo pasado. Su trabajo incluye una grámatica, textos en Tlapaneco con traducciones al alemán y un vocabulario. El problema con ese estudio valioso es que se publicó en alemán, una lengua con accesibilidad limitada en los estudios mesoamericanos.

Hay tres tonos en el Tlapaneco, alto, medio y bajo.

  • El alto se escribe con un acento encima de la vocal.
  • El medio no tiene marcador.
  • El bajo tiene un guion debajo de la vocal

 

El nombre de Malinaltepec es un caso interesante para todos los que se ocupan de los textos indígenas en sus varias formas de escritura.

El nombre entero es “San Miguel Malinaltepec”, pero en el presente nunca se refiere el pueblo como “San Miguel”. Se usa casi siempre el nombre náhuatl, Malinaltepec, que también aparece en los mapas y documentos oficiales. En el uso informal se abrevia el nombre generalmente y se dice “Malina”. “Malinaltepec” es el nombre documentado más temprano, ya que aparece en el Códice Mendoza como uno de los contribuyentes de México-Tenochtitlan.

El glifo que escribe el nombre del pueblo es el signo de día Malinalli encima de un cerro (tepetl). Juntos esos elementos en lengua náhuatl se leen como Malinaltepec (añadiendo el sufijo locativo -c ), o sea, “Al cerro de malinalli”. El elemento iconográfico “en el cerro de” (-tepec) se usa en náhuatl muy frecuentemente en el sentido general de “pueblo”. Así que se lee el nombre “Al cerro de malinalli” como sinónimo de “Pueblo del malinalli”. Ahora, por razones históricas generales e históricas religiosas, sería importante saber si el elemento malinalli se refiere a la planta malinalli misma, o al signo de día malinalli.

Una asociación del pueblo con cierto signo de día pudiera tener consecuencias importantes para el estudio del calendario mesoamericano y posibles ciclos rituales involucrando tiempo, lugar y dirección. El primer paso al enfrentar el asunto, por supuesto, es comparar el nombre náhuatl Malinaltepec con el nombre del pueblo en tlapaneco.

Resulta que se usan varios nombres en tlapaneco. En estos días el nombre más acceptado en tlapaneco y también el nombre que recientemente se ha escrito en el arco a la entrada del pueblo y en la torre de la iglesia es Xkua Ixe Ridí, o sea, “Llano flor de corazón”. La flor de corazón es un árbol que en tlapaneco se llama árbol (Ixe) sangre (i’dí ), y xkua quiere decir “llano”.

Según Ramírez Cantú, la palabra ridí (polvo) es una interpretación incorrecta de lo que debería ser i’dí (sangre). Sea como sea, este nombre obviamente no tiene nada que ver con “Pueblo del malinalli”, y se refiere a un árbol grande del tipo que se encontraba anteriormente en el patio enfrente de la iglesia. El árbol tiene flores grandes y rojas que tienen más o menos la forma de un corazón. Por el color se llama “árbol de sangre” en tlapaneco; por la forma se llama “flor de corazón” en español mexicano. El Diccionario de mejicanismos de Santamaría le da el nombre yolosóchil, y le designa “talauma mexicana”. El nombre yolosóchil obviamente en náhuatl clásico es yolloxochitl (“flor de corazón”).