Last Kingdom y Hogar Moderno

LAST KINGDOM Y HOGAR MODERNO

Terminé de ver las cuatro temporadas de la serie Last Kingdom, una serie que presenta las batallas de los reinos de lo que ahora es Inglaterra contra los daneses (Serie Vikingos, recomendación previa) en el año 872. El rey a vencer es Alfredo, que después de su muerte se le agregó El Grande, Alfredo “El Grande”. Alfredo, amante de la escritura, y valoró ésta como arma del futuro, Asser, el cronista galés se dio a la tarea de dejar testimonio escrito de las batallas de su rey.

Las incursiones eran frecuentes de parte de los vikingos, incluso lo llegaron a derrotar y Alfredo tuvo que esconderse en una zona pantanosa. Rey de cabeza fría, medidor del futuro. Pero en la serie los daneses se tuvieron que topar con su alfil (con peso de dama) de Alfred, Uhtred de Bebbanburg.

Uhtred entre agnóstico y ateo (cristiano), será el personaje principal de la serie, quien encarna el bien, juega en cierto momento al antihéroe, el chico malo, travieso y guapo del barrio, en este caso del reino, que lo arropaba. Mantenía una monogamia de brinco a brinco, pero siempre una pareja. Las ganaba todas, ingeniosidad nata, pragmático y eficaz. Pero no con la visión de largo alcance como el rey Alfredo. Por eso, pese a lo aversivo que era “Alfred” era complemento de Uhtred.

Cada reino tiene su valedor, su machín en términos coloquiales, él hace amistad, enemistad y equipo con otros. Uhtred tenía su equipo SWAT, su palomilla, su pandilla, su clica, usando otra vez términos del siglo XX.

A mediados de los 70’s empecé a escuchar de los barrios bravos de Acapulco, donde había cierto celo por la territorialidad: Icacos, La Cuereria, Hogar Moderno, La Fábrica, etc. Cada barrio llegó o llega a tener su Uhtred, Icacos tuvo su gallo, El Diablo; La Fábrica, El Tragabalas; Hogar moderno a mediados de los 70’s al Guacho, y sus lugarestenientes, La Sirena y La Niña, más adelante, en los ochenta el dandi, El Bogar, pero este último en específico del Escuadrón 201, pero más específico noctámbulo de la Zona Roja y asiduo de La Roca Discoteque del lugar.

En 1977, yo cursaba en el tercer grado de primaria en la Francisco I. Madero, escuela ubicada entre la Zona Roja, Aguas Blanca, La Fábrica y Carabalí. Mis compañeros de escuela eran de esos barrios y de otros más como La Cuereria, Calle 13, etc. Yo vivía en Carabalí, que de cierta forma era el barrio más fresa, sin embargo defendía su territorio, era el devenir natural del momento. Ahí estaba Mario Linares por ejemplo, sé que actualmente es abogado, él no hacía incursiones a otros barrios, pero si hacía defensa, si venían a buscar pleito. Los más cercanos eran los de la Fogata (una franja dentro del barrio de La Fábrica). Había material para parar cualquier conquista vikinga. Pero creo que hasta la fecha los barrios de Acapulco pueden tener su Uhtred, pero no su Alfredo. Las unificaciones de los reinos (barrios) de esa época en Acapulco, eran en las Preparatorias, La prepa 2, alianza internas de alumnos, que en su mayoría ya eran padres de familia.

Pero sin lugar a duda quien se acerca a la osadía de Uhtred, fue Martín Camacho, ex agente de La Dirección Federal de Seguridad (DFS), policía de gobernación, llegó a cubrir las salidas por las avenidas y las calles de la actual CDMX, del presidente Miguel de la Madrid, terminó como agente judicial de Guerrero. Ligero para los golpes, nos hacía pelearnos con los alumnos de la Francisco I Madero del turno vespertino. En una ocasión le llegó la historia del Guacho de Hogar Modernos, quien era el mero machín de ese barrio, quien fue navajeado, pero ganó el tiro, y las marcas en su pecho era su tatuaje de esa pelea a muerte. A mi hermano, el mayor, le habían comprado una bici Vagabundo, con esa llanta pequeña adelante, en su ausencia, ya que él asistía a la escuela por la tarde, aproveche para dar una vuelta en la calle Almendros, me topé con Martín, me pidió que con la bicicleta fuéramos a Hogar Moderno a conocer al Guacho.

Montado ambos fuimos a Hogar Moderno, en ese año las calles estaban por pavimentar, así que por caminos de terracerías rebotando en alguna y que otra piedra nos fuimos abriendo paso, no recuerdo con exactitud cuál era la calle, pero sí recuerdo que era una calle inclinada, de esas que suben a la calzada Pie de la Cuesta, confieso que desde que pasamos la glorieta de Aguas Blanca, me entró el miedo, ese medio controlado, pero la adrenalina ya corriendo por el cuerpo, miedo a una madriza, pero sobre todo a que nos bajaran la bicicleta nueva de Alex. Frente a una tienda, paramos, Martín se disparó los refrescos, que bien merecíamos, el calor de Acapulco, es, así de simple es, no necesita descripción, cuando Camacho decidió preguntar por el sujeto, se acercó un chavo güero, rengueaba de una pierna (la polio), puso su mano en el manubrio de la bici y preguntó qué hacíamos ahí, él era mayor que Martín, nos miró y miró la Vagabundo, valió madres me dije, si es que dije algo. Tú eres El Sirena, afirmó Martí, sí, contestó El Sirena. Andamos buscando al Guacho, dijo Martín.

Mira ahí viene (cuesta arriba) dijo El Sirena. El Guacho, al estilo banda acapulqueña de la época, playera al hombro, short y tenis, con sus cicatrices, antes de llegar a nosotros pateó una botella de vidrio, las cuales se rompieron, el señor de la tienda, al escuchar el ruido de los vidrios hechos añicos, gritó: ¡hey!, más cuidado, sin saber a quién le gritaba. El Guacho se paró frente a la tienda, ¿a quien le dices hey?, hijo de tu puta madre. Del interior de la tienda no se escuchó contestación; ya en ese momento tenía tanta adrenalina de la que puede producir un niño de 8 años, que no me daba para la huida sino la parálisis, rigor casi mortis. Ese man, ese chavo, pregunta por ti, señalando la humanidad de adolescente de Martín Camacho.

Martín se encaminó hacía el Uhtred de Hogar Moderno, distanciándose de mí; presta tu bici para una vuelta, me dijo El Sirena, le dije que no, que se enojaría mi hermano, a lo cual El Sirena contestó, tu hermano me vale verga, y jaló la bicicleta, yo estaba tilico, pero tenía fuerza, y él falso de una pierna, no puedo quitármela, al ver eso me dio un cocote en la cabeza, el dolor agudo se presentó en ella, así como un nudo en la garganta, los ojos se llenaron de lágrimas, pero más me aferré a la virula. Si me pegas le voy a decir … (maldita memoria) un vikingo, más bárbaro que los daneses, que vivía en el primer callejón de Mal Paso, y compañero de escuela de mi hermano mayor, con esa advertencia El Sirena detuvo el siguiente golpe, cuando iba a sondear si era cierto que yo conocía a dicho personaje, el Guacho y Martín se acercaron a nosotros, El Sirena le dijo al Guacho: mira este pinche chamaco cagado me quiere amenazar. Déjalo, él y Martín son intocables aquí, mientras yo contenía el llanto. Nos subimos a la bicicleta, iba montado atrás y al asegurarme que Camacho no me miraba, solté despacio unas lágrimas por el dolor del golpe.

Martín no me dijo que El Guacho era ya su cuñado, era el novio de su hermana, la mayor, haberlo sabido antes esa información hubiera sido el escudo para evitar el cocote.

Aún recuerdo la foto que sacó el periódico de Martín Camacho tirado sin vida en la calzada Pie de la Cuesta, con una pierna flexionada que parecía que solo descansaba. De él tengo varias anécdotas, cuando madreó al Viceras del barrio de La Fábrica, lo cual lo llevó a darse un tiro con el Tragabalas, su estancia en el Cereso, que al visitarlo nos encargó madrear a un tipo que andaba sobre su chava; Y de cuando a Martín lo madrearon en caleta y su preocupación era un tenis que perdió, cuando tuvimos una batalla campal contra unos chilangos en el estacionamiento de La Huerta. En fin, que me llevaría horas, pero debo parar, mañana las clases nos esperan.

Buenas noches, ahí ustedes deciden si ven la serie de Last Kingdom.