La pintura como memoria viva de la danza del Tekuanimej
En la pintura de Miguel Altamirano Velázquez no hay nostalgia inmóvil. Sus lienzos parten de la memoria para devolverla al presente. La exposición "Orgullo de mis raíces: Copanatoyac", inaugurada en el Museo Universitario José Juárez de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), en Chilpancingo, es un recorrido por la identidad de uno de los municipios de la Montaña guerrerense, donde la tradición deja de ser un recuerdo para convertirse en una experiencia visual. Cada obra es una invitación a mirar un territorio cuya riqueza cultural sigue latiendo en sus habitantes.
El eje de la muestra es la danza del Tekuanimej, una de las expresiones rituales más representativas de Copanatoyac. A través de personajes, colores y escenas, Altamirano reconstruye el complejo universo simbólico de esta tradición, donde el tekuani —voz de origen náhuatl que alude al jaguar, figura de fuerza, sabiduría y equilibrio con la naturaleza— ocupa el centro de un relato colectivo transmitido durante generaciones. Más que ilustrar una festividad, el artista interpreta una cosmovisión en la que la comunidad, el territorio y la memoria permanecen estrechamente unidos.
La exposición también revela el camino personal de su autor. Nacido en Copanatoyac, Guerrero, en 1989, y egresado de la Facultad Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Miguel Altamirano ha orientado su producción reciente hacia la representación de las tradiciones guerrerenses. Su trabajo, de marcado carácter figurativo, encuentra en el realismo un medio para preservar aquello que con frecuencia permanece fuera de los grandes relatos culturales. Desde 2020, además, impulsa la formación artística mediante la escuela CREARTE, donde niñas, niños, jóvenes y adultos encuentran un espacio para acercarse al dibujo y la pintura.
El recorrido por la muestra deja entrever que el verdadero protagonista no es únicamente el jaguar ni la danza, sino la comunidad que los mantiene vivos. Los personajes del Tekuanimej aparecen como depositarios de una historia compartida; los colores evocan la vitalidad de las fiestas patronales y los gestos de los danzantes remiten a una tradición que ha sobrevivido gracias a la transmisión entre generaciones. En ese sentido, "Orgullo de mis raíces: Copanatoyac" trasciende el ámbito estético para convertirse en un testimonio sobre la permanencia de la identidad cultural en la Montaña de Guerrero.
Con esta exposición, que permanecerá abierta al público hasta el mes de julio, el Museo Universitario José Juárez abre un espacio para el diálogo entre el arte contemporáneo y el patrimonio cultural de los pueblos originarios. La propuesta de Miguel Altamirano recuerda que las raíces no son un ancla que inmoviliza, sino un punto de partida desde el cual es posible construir nuevas miradas sobre el presente. En tiempos donde la homogeneización cultural avanza con rapidez, volver la vista hacia las tradiciones no significa mirar hacia atrás, sino reconocer que en ellas persiste una forma de entender el mundo que aún tiene mucho que decir.
