Una luz en pandemia

Una luz en pandemia

Emilio Omitlahtoa

 

Me he estado preparando para recibirte,

la felicidad me agobia el alma, corazón y vida.

Nuevamente la emoción y la alegría embarga mi ser,

y no tengo palabras, como pocas veces, para describir este sentimiento.

 

Se acerca el día de tu llegada y mi cama se convierte en un mar de emociones,

alegría, amor, ternura, devoción a la vida, miedo, tormento…

Y al final de la noche, coraje,

mis sueños se desvanecen convirtiéndose en pesadillas.

 

Esas pesadillas que te quitan el sueño a media noche

en la oscuridad de tu alma, en la ansiedad de tu corazón,

¿Por qué demonios convertimos nuestro mundo en desolación y muerte?

¿De donde carajos inventamos y reinventamos la destrucción para nosotros?

 

Pareciera que nos afanamos en crear nuestro Apocalipsis.

Ya no del transcurso del ser humano en la tierra,

sino en el devenir de mi propia existencia,

he notado como tratamos de terminar con nosotros mismos.

 

Crisis económica: explotación del hombre por el hombre.

Armamento: asesinatos en masa, guerra, invasiones.

Crimen organizado: secuestros, violaciones, destrucción, muerte.

Nuevo orden mundial: pandemias, SARS-coV-2.

 

No has terminado de llegar y ya te creamos un mundo apocalíptico.

¡Que se muera el que quiera morir!

¡Que se destruya el que necesite ser mártir!

¡Pero que dejen de arrastrarnos a su podredumbre!

 

Desde siempre he tratado de hacer de mi espacio un mundo mejor

¡No tires basura!, ¡recicla!, ¡crea un mundo mejor!, ¡no pesticidas!

¡Somos parte de la madre naturaleza, no sus dueños y señores!

Pareciera que, en mi calle, colonia, ciudad, se empeñan a decir lo contrario,

no magnificamos el tamaño de nuestras acciones.

 

Estoy seguro del pensar de mis abuelos,

Tonantzintlahlli es nuestra madre tierra,

y como tal tenemos que cuidarla y respetarla.

Nos hemos convertido en el peor virus para ella, somos su cáncer.

 

Pareciera que no entendemos que ella está en etapa terminal,

ella, está tratando de sobrevivir, trata de erradicar su mal,

buscando su cura, restableciéndose del mal causado, 

buscando la manera de extirpar su enfermedad: ¡El ser humano!

 

No entendemos que somos nosotros la causa de todo.

Por poder y riqueza, están dispuestos unos a sacrificar a los otros,

pero ellos son pocos, el resto somos más,

¿Pero que hacemos cuando la mayoría se ha alienado?

 

¿Cómo nos volvemos uno y logramos un cambio significativo para la tierra?

Para nosotros… para ti, ¿Cómo logro parar esto?

Dónde demonios pusieron el botón.

A qué mundo te estoy trayendo hijo mío.

 

Todos le rezan a sus dioses,

y todos ellos se ríen y carcajean en sus reinos. 

Nosotros creamos nuestra destrucción 

pero queremos que alguien más venga a salvarnos,

¡Ignorante ser humano!

 

Hemos recibido diferentes mensajes,

hoy en día nos dan la señal para cambiar,

estamos en la tercera ola y más pronto de la cuarta o quinta, 

que de encontrar la cura de este mal.

 

Ya no hay marcha atrás, nos muestran el camino,

y hoy ese camino está cubierto de cubrebocas, 

tirados en la calle, tal vez contaminados.

¡Pobre ser humano! Artífice de su propia destrucción 

 

No sé qué pase después de todo esto, 

ni siquiera sé si haya un después para nosotros,

lo que, si sé de cierto, es que no dejare de luchar por ti,

no permitiré que dañen tu espacio, tu mente.

 

Trataré de hacerte un lugarcito feliz,

un patio sembrado de esperanza y amor,

un hogar, respeto hacia ti y a todo lo que nos rodea,

lucharé para que no contaminen tu corazón con mentiras verdaderas.

 

Y tal vez… sólo tal vez, 

tu generación entienda el peligro que representa el ser humano

y cambiemos del todo, evolucionemos a algo mejor 

y nos salvemos de nosotros mismos.

¡Bienvenido hijo mío!